Estuve una semana en Valladolid junto a mi familia por motivos laborales de mi marido y la verdad es que ha sido una sorpresa en varios aspectos. La ciudad es pequeña pero muy bonita. La recorrimos con mi peque todo lo que pudimos y al final ya nos conocíamos casi todos los rincones. Pero lo que más nos maravilló fue esa pequeña selva que, como un pulmón verde, cambia rotundamente el paisaje citadino.

Nuestro pasaje obligatorio era el Parque Campo Grande, con sus árboles frondosos, el sonido de las aves, los patos paseando entre nuestras piernas (literalmente) y los maravillosos pavos reales que se paseaban sin miedo alguno entre los visitantes del lugar.

pavo real en parque campo grande Valladolid España

La experiencia no sólo tenía encantada a mi hija, sino también a la madre, pues ver pasear a la mamá pata con sus pequeños y enseñarles a nadar en el agua del canal despertó en mí la sincronía con esta etapa de la vida que tanto amor ha despertado en mí.

parque campo grande valladolid españa
Mamá pato junto a sus patitos

La naturaleza desborda maternidad. No sólo los animales, también los árboles que con sus ramas y sus troncos albergan a varias especies de pájaros, el agua que contiene y da vida, y los pavos reales que agitando las plumas de sus colas intentaban espantar cualquier inminente amenaza para sus polluelos.  Todo a nuestro alrededor nos representaba el cuidado, la contención, el amor incondicional, el apoyo, la templanza y la confianza que confluyen en la relación madre-hija/o, en estado puro.

La madre naturaleza traía consigo un mensaje, y nosotras, dichosas de haberlo recibido.

Les dejo también algunas imágenes preciosas de la naturaleza para que intentemos conectarnos con el amor que nos rodea. fuente: Pinterest
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