historia de mi abuela

Poco antes de morir, mi abuela me contó la historia del “Gran Amor” de su vida. Un coronel que conoció a sus 20 años del cual se enamoró con un flechazo de cupido y al parecer, el sentimiento era mutuo. Ese coronel que la cortejaba estaba altamente cotizado entre la muchachas de su pueblo, pero él sólo tenía ojos para Ana (mi abuela). La historia parecía de cuento de hadas, hasta que un día lo mandaron llamar al Coronel para mandarlo a la frontera de Croacia, pues estaban en guerra y debía estar allí. Este joven apuesto, muy valiente y caballero, enseguida vio que la solución era pedir la mano de mi abuela para no tener que separarse de ella. Y con la certeza de que el amor que sentían iba a darles una vida de felicidad, dejó en manos de ella tal decisión.

Para la parte que sigue de la historia, recuerdo que el rostro iluminado de mi abuela se desdibujaba y se mojaban sus ojitos rasgados. “Yo era muy joven entonces, y él tenía una niña pequeña -era un coronel viudo- y no quería ser esposa y madre tan pronto. Así que le dije que no -se le entrecortaba la voz- y pasé los siguientes 10 años de mi vida amándolo sin siquiera saber de él. Recuerdo la imagen de la última vez que lo vi: yo estaba en la ventana de mi casa y él se alejaba por el camino con las maletas en las manos, se detuvo, apoyó las maletas y miró hacia atrás, pero yo me escondí para que no me viera.”

Fue el mayor arrepentimiento que mi abuela me haya confesado. Con profundo dolor -y sí que tuvo una vida dura- se lamentaba no haber seguido a su corazón y pasar tantos años de vida amándolo en silencio (hasta que luego conoció a mi abuelo, pero esa es otra historia).

Esta historia se selló en mi inconsciente. Supe muy bien qué haría si me ocurriría lo mismo, y así lo hice, no dejé pasar la oportunidad de mi Gran Amor. Hoy vivo lejos de mi país y mis padres, pero he formado una familia junto a mi alma gemela.

El mejor homenaje que podemos hacer por nuestros ancestros es conocer la verdad, contarla a nuestros hijos y no repetir. Cambiar el rumbo del destino está en nuestras manos si deseamos conocer la verdad.

bioescodificación, transgeneracional


Hoy en día me encuentro investigando mi árbol familiar para liberar el pasado de tanto dolor y tanto secreto y junto a mi pareja nos hemos comprometido a contarle a nuestra hija las historias de su familia sin juzgar, para que se impregnen en su inconsciente y tenga herramientas para decidir.

Decir la verdad es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos y a los que vendrán.

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