educar para ser rebeca wild

¿Qué pasa cuando decimos cosas que se contradicen con lo que realmente pensamos o sentimos? ¿De verdad creemos que nuestros hijos no se dan cuenta? Si hacemos eso, subestimamos su inteligencia, su capacidad para estar conectados con su intuición y su sensibilidad. 

Ser sinceros con nosotros mismos es el primer paso para poder hablar a los demás con convicción y que nuestro mensaje sea creíble y/o comprendido.  Si aún no hemos llegado al punto de nuestra vida en que nos miramos al espejo y estamos contentos con la persona en la que nos hemos convertido, pues habrá que trabajar para quitar los velos que nos ocultan de nuestro verdadero Yo; ése que conocemos, que amamos, pero que aún no nos animamos a mostrar.

Como padres, las opciones se limitan y como nuestros hijos son los más grandes “seguidores” que podamos tener, ellos repetirán cuanto aprendan de nosotros y se encargarán de mostrarnos cómo nos ven.  Las personitas que más amamos en el mundo serán el espejo donde podremos vernos, entonces nos preguntaremos si queremos que nuestros hijos hablen o digan cosas que se contradigan con lo que en realidad sienten, o que antes de hablar, puedan conectar con sus sentimientos y aprender a expresarlos.

Menuda responsabilidad tenemos como padres, pero como mamá  y aunque implique mucho movimiento emocional, estoy contenta con poder mirarme a mí misma y reconocer todo lo que soy, lo que me gusta y lo que no. De esta manera, mi hija  aprende a amarme con mis defectos, y yo acepto que no puedo ser una mamá perfecta, pero sí puedo mostrarle la importancia de la autocompasión y el amor hacia uno mismo para poder dar sano amor a todo lo que nos rodea.

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