Renuncio al sacrificio
de ser feliz porque los que me rodean están sufriendo.
              … al sacrificio de disfrutar de la vida porque me siento culpable de que otros no puedan hacerlo.
              … al sacrificio de hacer lo que no quiero y elijo hacer las cosas desde el amor y la entrega pura.
              … al trabajo sacrificado para poder darme ciertos gustos materiales.
              … a sacrificar mi cuerpo para demostrar que comprendo el dolor ajeno.
              … a pretender que otros se sacrifiquen igual que yo y renuncio a que mi hija sacrifique su alegría de vivir por las responsabilidades de los adultos.
              … al sacrificio de mis padres, abuelos y demás familiares. Ellos lo hicieron lo mejor que pudieron pero a mí ya no me toca sacrificarme, sino simplemente ser feliz.
              … a vivir una vida sacrificada, sin dejar tiempo para mí y para disfrutar de mi familia y amigos.
             … a los condicionamientos de mis ancestros que me pesan y no me corresponden. 
Respeto el dolor ajeno, respeto las decisiones que cada uno toma en su vida, pero ya no me apropio, ya no más. 
A partir de hoy, declaro que viviré para disfrutar, para conectarme con el lado alegre de la vida, a respetar mi dolor y el dolor ajeno, pero sin perder mi individualidad ni mis ganas de vivir. 
 
renuncio al sacrificio

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Estas palabras las escribí luego de haber podido identificar en mí, la naturaleza de mi tristeza, de mi falta de alegría. He descubierto que cuando niña, mi padre se había quedado sin trabajo y me tocó “sacrificar” una gran fiesta de cumpleaños que se me había prometido. Y luego me ha tocado ver a mis padres “sacrificarse” por mi educación, por darnos a nosotras -sus hijas- “lo mejor”, y esperar de nosotras esa misma entrega: la del “sacrificio” en el estudio, en el trabajo y luego en la vida.  No deseo juzgar a mis padres por sus decisiones, sin duda hicieron lo mejor que pudieron; es solo que finalmente he podido “ver” sin la lente del sacrificio y todo, absolutamente todo, ha tomado otra perspectiva. La toma de consciencia del sacrificio en mi familia (etimológicamente significa “hacer que algo sea sagrado”) me hizo ver la luz, contactar con la inocencia de esa niña que fui y querer dejar salir la alegría de vivir que descansaba hace tiempo en mi corazón. 

Siento que quiero compartir esta experiencia con ustedes porque la mayoría de las veces cargamos con condicionamientos, presiones sociales, “aquello que está bien visto” y no es fácil identificar esos filtros que nublan nuestra razón y hacen que todos nuestros actos y decisiones estén teñidos de tales imposiciones.

Lo comparto también porque siento que las nuevas generaciones ya no necesitan esta carga, y nosotros como adultos, debemos ser los responsables de que cada día, nuestros niñ@s sonrían y disfruten de la vida. Tomarse la vida sin sacrificios será algo que sin duda ellos nos enseñarán, porque traen consigo otro programa y una sabiduría innata.

Miremos a nuestros hijos disfrutar de las pequeñas cosas y permitamos contagiarnos de tan bella sencillez.

Renuncio al sacrificio

Imagen de Tiziana Rinaldi
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