Últimamente vengo leyendo distintos artículos que van en la línea de “Consejos para enseñar a su hijo a dejar el pañal”. Aunque mi hija ya dejó el pañal, los leo porque me da curiosidad saber qué dicen y/o recomiendan hacer. Por eso ahora quiero compartir mi historia y mi humilde opinión sobre algo que no necesita ser aprendido.

dejar el pañal

Recuerdo que estábamos en la primera jornada de puertas abiertas de un colegio público de Zaragoza. Tenía muy buenas referencias de ese colegio pero la realidad es que no me entusiasmaba mucho la idea. Yo tenía otro sueño. El punto es que recuerdo decirme a mí misma: “Tienes que ser abierta a conocer otras opciones. Cuanto mejor te informes, más preparada estarás para tomar una decisión.” Así fue que llegamos al aula hacinada de padres y madres y algún que otro peque. Escuchamos a cada uno de los representantes del colegio y luego vino la parte en que podíamos preguntar. Me sorprendió que los padres preguntaran sobre qué instituto le correspondería (estábamos hablando de niños que todavía no hacían los 3 años) y preguntando acerca de “la buena fama que tienen esos colegios”. Mi momento de preguntar fue por la adaptación y por el pañal. Creo que es de público conocimiento que la adaptación dura sólo 4 días. Así es, sólo 4 días para que los niños puedan adaptarse a un grupo de 20/25 niños con sólo un educador. Y respecto al cambio de pañal, dijeron que los niños que comienzan sala de 3 no usan pañal y agregó: “Y si lo llevan, tienen todo el verano para enseñarles a dejarlo.” Me quedé tiesa.

¿Y si mi hija no quiere dejar el pañal? ¿Tengo que presionarla porque en el cole no le cambiarán el pañal?¿Tengo que ajustar sus tiempos biológicos a los del sistema educativo? ¿Estoy dispuesta a hacer eso?

Tengo una única respuesta a todo eso: NO. Por supuesto que no. Pregunté qué pasaba si algún niño se hacía encima, si tenían personal para cambiarlo y su respuesta fue negativa. En tal caso, llamarían a los padres para que fueran a cambiarlos. O sea que en todo el rato que tardaríamos en llegar mi hija tendría que estar meada/cagada porque nadie la cambiaría.

A partir de esta experiencia entendí que no apuraría a mi hija a que hiciera algo que su cuerpo aún no estaba preparado para hacer. Mi marido no estaba muy convencido del todo y a veces le preguntaba si quería estar sin pañal pero ella se negaba. La verdad que fue mucho más fácil de lo que podía imaginar. Un día pidió “Canzoncillos” -sus amigos ya no usan pañal- y ella iba feliz con sus braguitas nuevas. Aunque aún no controlaba el tema y yo me pasé un fin de semana lavando braguitas, al tercer día ya se regulaba sola. Y a los pocos días, y tras comprobar que los pañales por la mañana estaban secos, dijo que no quería dormir con pañal y así lo hicimos. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Si se mojaba la cama, todos los colchones tienen protector así que no había problema por eso. Desde aquel día no durmió más con pañal y nunca mojó la cama.

Yo creo que lo más importante de todo es respetarlos. Respetar sus tiempos y escucharlos. Luego podemos acompañarlos en el proceso, sin juzgarlos, sin mostrar asco o molestia, al fin y al cabo tan sólo se trata de pis y caca y aquello que se manche se puede limpiar. Sin presiones, sin avergonzarlos, sin compararlos con otros que sí han dejado el pañal. Creo que cada niño tiene su tiempo, y algunos tardarán más, otros menos, lo importante es que cada uno lo haga cuando sienta que su cuerpo esté listo. Ellos saben escuchar su cuerpo y sus ritmos y me atrevo a decir, que los respetan mejor que los adultos, por eso creo que nosotros no tenemos nada que enseñarles, sino más bien aprender de ellos la capacidad para escuchar las necesidades de nuestro cuerpo.

(Si te gustó mi post, te recomiendo este artículo de Laura Gutman “Control de esfínteres y autoritarismo”.)

Fuente imágenes: www.gracedesign.nl y Johnatan Werner
Anuncios