Estela de Carlotto, emoción y felicidad

Tengo un nudo en la garganta. Leo la historia de Laura Carlotto sobre cómo dio a luz en cautiverio, encapuchada, y se me estruja el corazón. Pienso en esa búsqueda incesante de su abuela, Estela de Carlotto  (Abuelas de Plaza de Mayo) que, tras 36 años de buscar, soñar, llorar, ilusionarse y desilusionarse luego, finalmente ayer -5 de agosto de 2014- ha encontrado a su nieto desaparecido. Se llama Ignacio Hurbán pero su verdadero nombre es Guido Montoya Carlotto. Sólo estuvo 5 horas junto a su madre luego de haber nacido y como su madre se resistió a entregarlo la durmieron y la encerraron. Unos meses después, moría asesinada por la dictadura militar argentina.

Ayer Guido apareció pero no sólo eso, él se buscó a sí mismo. Fue él quien dio el paso y eso es un sueño para una abuela que llevaba tantos años buscándolo. Porque Estela tiene hoy 84 años y podría haber muerto sin encontrarlo, o Guido podría haberse negado a hacerse el ADN o negado a encontrarse con su verdadera familia. Pero no. Guido está emocionado e intentando procesar semejante noticia. Busco su foto en internet y debo reconocer que se parece mucho a su abuela, incluso en la elección de su vocación (es músico pero además es maestro como su madre y su abuela).

Hay una inmensa felicidad en el aire por este encuentro y un profundo dolor que necesita ser sanado, recuperado, acariciado. Se necesitan largos abrazos, estrechas miradas, horas de charla para conocerse, risas chispeantes para apaciguar las heridas de tantas vidas torcidas.

Imagen: Siri Liniers

Esta historia es una luz de esperanza. La perseverancia, la paciencia y el amor han dado sus frutos, y hoy las abuelas recuperan otro nieto, tan importante como los demás y tan único como cada ser del Universo.

Celebremos la vida, celebremos la unión, el reencuentro, el poder tener el recuerdo de la primera mirada de nuestros hijos al nacer.

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