Miguel CastroEl fin de semana pasado participé del curso: Arno Stern y La Formulación. Principios de la educación creadora”, dictado por Miguel Castro, en Zaragoza. Debo confesar que previamente tuve la oportunidad de conocer a padres, madres y escuelas libres que han incorporado los principios de la educación creadora en la crianza de sus hijos, y que los resultados han sido siempre positivos: niños y niñas seguros de sí mismos, capaces de resolver a través del juego situaciones o problemas que la vida les plantea, respetuosos de sí mismos y de los demás, con soltura para encontrar la manera de expresar sus emociones y/o necesidades. De esta observación nació en mí la necesidad de conocer más a fondo la educación creadora y si bien me he encontrado con principios que me han llevado a la reflexión sobre lo que quiero para mi hija y con los que concuerdo claramente, una parte de mí siente la necesidad de dejarle un espacio a mis dudas.

Imagen: http://dirayaexpresion.blogspot.com.es
Imagen: http://dirayaexpresion.blogspot.com.es

“Lo que pinta el niño no viene del exterior, viene de su interior”

Arno Stern nació en Alemania en 1924. Junto a sus padres, se vieron forzados a huir del nazismo hacia Francia en 1933. A la edad de 19 años le ofrecen trabajar en un campo de refugiados con huérfanos de guerra. Sin experiencia ni conocimientos sobre la materia, Arno comienza su tarea sin saber que daría lugar a lo que luego sería La Formulación. En este primer taller, se origina su vinculación con el trabajo libre y creativo en la práctica artística infantil. Los niños proponían reglas y Arno las aceptaba. Él estaba “limpio” sin haber leído sobre arte y lo que hizo fue escuchar a los niños.

Imagen del libro: Arno Stern. Del dibujo infantil a la Semiología de la Expresión
Imagen del libro: Arno Stern. Del dibujo infantil a la Semiología de la Expresión

El trabajo de Arno Stern se desarrolló a lo largo de varios años de investigación en poblaciones aisladas de distintas partes del planeta. Con su paleta de colores plegable, o simplemente con papel y bolígrafos, Arno acudía a poblaciones que no habían tenido estructura escolar y que desconocieran el dibujo. ¿Qué fue lo que pasó cuando se encontraron con un pincel y un papel en blanco por primera vez? Arno cuenta que aún sin instrucciones de cómo coger el pincel, todas las personas supieron cómo hacerlo y además, lo que también llamó su atención, fue que aquellos que observaban e incluso los que pintaban, en ningún momento preguntaron qué iban a hacer. Tras estas investigaciones, Arno va a encontrar un código universal al que llamará La Formulación. Todos los niños expresan en su trazo libre y espontáneo que todos los seres humanos tenemos una memoria orgánica universal que se forma ya en el útero de la madre y que es un eco de nuestro programa genético.

Es importante, para su equilibro, que la persona tenga la posibilidad de escapar a la vigilancia de su razón para entregarse a un acto no intencional“ (Arno Stern)

arno stern

Hacia los años 50 se establece en París creando su propio taller al que acudían personas de distintas edades -niños y adultos- para jugar a través de la pintura. En un entorno preparado, las personas que acudían se encontraban con la posibilidad de liberar su capacidad de juego sin sentirse juzgados (pues la regla principal es que nadie puede hablar sobre lo que se está haciendo sobre el papel), sin inhibiciones y sin competición (las obras no se pueden llevar a casa para enseñar a otros). De esta manera, el juego no tiene un objetivo -sino no sería juego- sino que es una actividad que genera placer por sí misma sin esperar aceptación ni recompensa alguna por dicha actividad.

“No hay expectativa sobre lo que el niño debe hacer”

Sobre las teorías -y las personas- que entienden que a los niños hay que enseñarles porque son como recipientes vacíos que hay que llenar de conocimientos, (el sistema educativo actual y María Montessori fueron algunos de los mencionados), Miguel Castro habló de la aceptación incondicional. Cuando un niño juega, juega para sí mismo, no para los demás. Si el niño juega buscando la aprobación de sus padres o esperando el aplauso o el refuerzo, se pierde la espontaneidad del juego para pasar a ser “espectáculo”. El juego permite al ser humano ser como es, completo, diferente. No hay una manera correcta o incorrecta de jugar. Y tampoco debe haber enseñanza o interpretación en el juego. Sólo aceptación incondicional. Darles su espacio, respetar su tiempo de descubrir sin anticiparse y saber esperar pero también asistirlos cuando sea necesario, sin abandonarlos.

juego libre

El refuerzo nunca es positivo

Cuando uno dice “muy bien” al observar una producción artística, está emitiendo un juicio en función de cuál sea su gusto y está influyendo en el artista. Y si dice que no está bien porque no le gusta lo que ha dibujado, también influirá en el artista. Cuando decimos a un niño o niña que algo que ha hecho o dicho está muy bien o es muy bonito, a partir de ese momento, dejará de ser auténtico/a, dejará de ser artista y actuará y pintará para nosotros, no para él o ella; es como si sacrificara su propio disfrute para agradarnos y eso es algo muy serio ¿no? (Del blog: Yoviendo escuelas)

El “¡Muy bien!” que resulta tan común oír en el parque y me atrevo a decir en la mayoría de las familias, ha dado lugar a un gran debate público y personal. Los asistentes al curso se incomodaban con esta afirmación y recuerdo las palabras de Miguel que se clavaron como estacas de silencio en la sala: “¿Qué manifiesta tu necesidad de reforzar? Tu desconfianza personal”.  Si confiamos plenamente en el otro y en nosotros mismos…¿por qué deberíamos reforzar algo que está en nuestra esencia?

“Sólo la confianza absoluta en su capacidad de juego y la asistencia como una actitud liberadora hacia el niño, harán que éste recupere su confianza y no necesite de la aprobación de otros.” (Miguel Castro).

Tomar consciencia que cuando un niño juega no necesita ningún refuerzo es el primer paso para la aceptación incondicional.  La persona que asiste al niño debe establecer una relación de cuidado: debe poder separarse de sí mismo y ver las necesidades del otro.  No hay necesidad de reforzar lo que el niño hace porque a través del juego el niño simplemente ES y sólo por ese hecho debe ser aceptado incondicionalmente. El aplauso constante al revés de ser un refuerzo, genera inseguridad en el niño que busca aprobación. ¿Se han preguntado por qué el niño llega a la instancia de necesitar que apruebes su dibujo/lo que hace? Si hubiera que reforzar habría que plantearse por qué esta actividad no funciona y de quién es el interés por que funcione. Cuando el niño no es juzgado, la asistencia deja de molestarle y se dan cuenta que es un juego. Y yendo más al extremo Miguel Castro propone: “Cualquier reacción provoca una compostura en el niño quien va adoptando distintas máscaras”.

Foto: Flavio Takemoto
Foto: Flavio Takemoto

Resumen

Algunos conceptos claves para entender la Educación Creadora:

  • Brindar a los niños las condiciones idóneas para que puedan jugar.

  • No juzgar sus dibujos, ni interpretarlos, ni enmarcarlos.

  • No reforzar. Esto supone que necesita la aprobación externa y genera desconfianza en sí mismos.

  • Aceptación incondicional.

  • Asistencia y escucha activa de un adulto capaz de comprender sus necesidades.

(Próximamente compartiré la segunda parte de este artículo incluyendo mis reflexiones personales.)
Anuncios